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lunes, 20 de junio de 2011

Consejos de Jardinería


- De hoja perenne, el laurel de California (Umbellularia californica), pittosporum craso (Pittosporum crassifolium).

Si queremos localizar en una zona abierta del jardín un ejemplar vigoroso que nos de sombra en verano podemos optar por el arce plateado (Acer saccharinum), castaño (Castanea sativa), catalpa, roble palustre americano (Quercus palustris), o por otros muchos que muestran su belleza en soledad.

Sin lugar a dudas podemos comparar los jardines con las personas, cada uno tiene su propia personalidad y nunca encontraremos dos iguales. No por ser poco sociables sino por necesitar de lugares abiertos donde sus ramas puedan extenderse y sus raíces colonizar sin competencias.

Un consejo útil que todos los entendidos de la jardinería dan y que no conviene pasar por alto es que hay que proyectar los jardines con visión de futuro. No debemos intentar cubrir todos los espacios en un primer

Las oscilaciones de temperatura en el interior de casa son escasas. No obstante debemos evitar colocar las plantas en lugares donde se produzcan corrientes de aire o cerca de los radiadores.

Si el ambiente, debido a la calefacción, es demasiado seco, las plantas necesitarán aportaciones de agua tanto por el sustrato como por la parte aérea. Esto hace que tengamos que pulverizar cada cierto tiempo las hojas, sin olvidar que determinadas plantas no toleran el contacto del agua.

El exceso de agua en el sustrato o un drenaje deficiente, suele ser más perjudicial que si la planta pasa algo de "sed", es decir, no se debe permitir que los tiestos se encharquen. Esto puede producir daños en las raíces, que pueden provocar la muerte de la planta.

La protección de las macetas de terrazas y balcones contra vientos y temperaturas bajas es primordial para que las heladas no produzcan bajas no deseadas.

miércoles, 16 de marzo de 2011

El Riego de Árboles - Parte 2


El agua se eleva en las plantas con rapidez diferente según las especies. En la ilustración indicamos tres clases de árboles: un pino, un álamo y un roble, con la altura que en una hora alcanza la subida de la savia. Vemos así que en el pino el agua no llega a subir 1 m. en una hora.

El agua evaporada por los árbolesy otras plantas— viene principalmente del suelo. Nos encontramos así ante una nueva maravilla, puesto que no otro es el calificativo que podemos aplicar al hecho de que las hojas de la cima de un árbol puedan aspirar —a veces a 30 m. y más de distancia— el agua que se encuentra en el SUelo. Deben disponer de una bomba particularmente poderosa para realizar tal operación.

El agua subterránea contiene numerosas substancias útiles al árbol, y es aspirada por los finos vasos que comienzan en la extremidad de las raíces. A veces hay algunos hongos (las micorrizas) que ayudan a las raíces en estas tareas.

La absorción se efectúa a través de la fina piel de las raicillas y se reparte a lo largo de todo el tronco, ramas y hojas por una red de vasos. Al llegar a las hojas, el agua pasa por las nervaduras y de allí penetra por osmosis en toda la superficie de aquélla.

Hemos visto anteriormente que las plantas tienen células que contienen clorofila y que, aprovechando la energía solar, resultan ser extraordinarias productoras de azúcar. Cada célula de una hoja se convierte en una pequeña bomba que aspira el agua. El número de células es incalculable y forma, en conjunto, la gran fuerza aspirante del árbol, que puede así llevar el agua subterránea hasta su cima. Luego el agua se evapora por los poros de las hojas.

Al observar la ascensión del agua, se habia notado que las raíces ejercían una cierta presión, y se creyó sería la que determinaba la subida de la savia. Sin embargo, a medida que la fisiología vegetal fue progresando, se pudo determinar que esta presión no es suficiente para llevar la savia a una altura tan grande. La fuerza de atracción de las hojas es, pues, indispensable.

martes, 15 de marzo de 2011

El Riego de Árboles - Parte 1


Como la mayoría de los seres vivos, la planta también necesita agua para su existencia y desarrollo. En cierta manera, se puede considerar esta agua como una especie de plasma de la sangre vegetal, en la que están disueltos numerosos productos llevados por la circulación atodas las partes del vegetal.

La economía del agua ha adoptado en las plantas —sobre todo en los árboles— formas particularmente impresionantes, como lo veremos al explicar el mecanismo en la ilustración.

Las hojas de los árboles evaporan continuamente agua hacia la atmósfera. Ingeniosos cálculos y experiencias han permitido establecer científicamente la cantidad de agua evaporada por un haya centenaria durante un solo verano: alrededor de 9.000 litros. Si suponemos que 400 de esos árboles pueden entrar en una hectárea, tendríamos asegurada una evaporación de 3.600.000 litros en un verano.

Supongamos que esta cantidad esté repartida uniformemente sobre la superficie de la hectárea; nos daría entonces una altura de 36 cm. (arriba, derecha). Si una masa tan enorme de agua cayera en forma de lluvia sobre la tierra desnuda —sin árboles u otra vegetación—, arrastraría una gran parte de esta tierra, mientras que el resto del agua se infiltraría en el suelo.

En tal caso, esa agua no podría seguir desempeñando su papel en el ciclo de la naturaleza. En cambio, en un bosque, esta agua es aspirada en verano hacia la cima de los árboles y devuelta a la atmósfera por evaporación. Se ha podido determinar que un bosque de hayas devuelve así a la atmósfera el 60 % de las precipitaciones.

No hace falta, pues, estudiar muy a fondo estas estadísticas para darse cuenta de la importancia que tienen los bosques y los cultivos en la salud de una región. Y más aún se comprenden las razones que abogan por la protección de la naturaleza, razones que, desgraciadamente, son consideradas por muchas personas como exageradas o nacidas de la fantasía de un soñador.